1 oct. 2010

LA AUDACIA DE UNA POTENCIA EMERGENTE



Gaspar Rodriguez de Francia
en su despacho
El pasado 1º de mayo se cumplió un nuevo aniversario de la firma de aquel controvertido "Tratado Secreto de la Triple Alianza", firmado en Buenos Aires en el año 1865 entre Brasil, Argentina y Uruguay. A fin de comprender su desmedida apetencia con respecto al Paraguay, cuadriculando nuestro territorio en un "burdo convenio" para la futura repartija, exponemos en apretada síntesis cuanto fue posible edificar en 25 años de Gobierno de los López (1842-1867), lo que despertó la furia de los contendientes. "La Provincia Gigante de las Indias", la cultura guaraní, sufriría el último embate pirata que cercenaría su leyenda, su soberanía y su promisorio futuro.
Con el fallecimiento del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia (20-IX-1840), la economía paraguaya -dirigida y centralizada como siempre- cobró una renovadora dinámica con pequeñas aperturas y variantes concebidas por don Carlos Antonio López (un socialista de Estado), quien gracias a las reservas heredadas, pudo llevar adelante los progresos que señalaremos posteriormente. Debemos subrayar que aquellos frescos recursos se lograron mediante la sabia administración y la inflexible austeridad del doctor Francia.


El Paraguay emergía paulatinamente de su forzoso claustro al abrirse al mundo, dándose a conocer como república independiente -aunque resistida ancestralmente por Brasil y Argentina- y rubricando convenios comerciales altamente ventajosos para la consolidación y el futuro de la patria. Todo esto contribuyó para que Paraguay fuese considerado, por mucho tiempo, como la "China americana" a causa del misterio que encerraba dicho proceso de fortalecimiento.

 Francisco Solano López, con 27
años de edad, en su viaje a París
(Francia). Grabado de David, 

publicado en la prensa francesa.
Es así como los López, padre e hijo, deciden una ofensiva política de acuerdos y tratados que globalmente beneficiaron el impulso de la república hacia una fructífera evolución nacional. En ese contexto, el brigadier Solano López, con objetivos bien claros, emprende en misión oficial una histórica visita a Europa. Países como Inglaterra, Francia, Cerdeña y España fueron sus escalas, concretando acuerdos bilaterales y grandes adquisiciones para futuras obras y acciones de progreso. Agradeció personalmente el reconocimiento de la independencia paraguaya en las diversas naciones europeas y a su paso se reunió con la flor y nata del Viejo Mundo: la reina Victoria, en Londres; Napoleón III, en París; Víctor Manuel II, en Turín, y Angel Calderón de la Barca, en Madrid, entre otras personalidades excluyentes. López estuvo de gira continua por un año y ocho meses, siendo altamente positiva la misma. Salió de Asunción el domingo 22 de mayo de 1853 y regresó el domingo 21 de enero de 1855.


El joven comandante del Ejército paraguayo, que conocía perfectamente de las insaciables apetencias de Brasil y Argentina sobre el Paraguay, decidió prepararse para afrontar urgencias. Fundamentos tenía, ya que desde 1810 la "República Guaraní" sufrió un diluvio de amenazas, de invasiones e intentos de sometimiento que convergerían en la guerra del 1864-1870 enmarcada en un "Tratado Secreto de Triple Alianza", motivo de estas crónicas.

En esta litografía de C. Sauvageot se ve la ciudad de
Asunción de 1847, tomada desde la bahía de los
carios. Se observan la Catedral y el Congreso
 (Cabildo) en plena construcción. Además se
visualizan la Casa de los Gobernadores
(donde vivía Francia) y la antigua iglesia
de La Encarnación.
La lectura de los López respecto del escenario político que se cernía sobre el Río de la Plata, era precisa, hasta si se quiere premonitoria. Conscientes de nuestras limitaciones para una eventualidad bélica y con el respaldo de la economía construida por el doctor Francia, el jefe de nuestro ejército, Francisco Solano, adquiere en Londres un buque de guerra al que bautizó con el nombre de "Tacuary", transformándose en el buque insignia de la Armada Nacional. El vapor pesaba 700 toneladas en su porte y tenía 180 caballos de fuerza. Estaba montado con 6 piezas de cañones (2 de 60 mm., 2 de 32 mm. y 2 de 8 mm.) y considerado como uno de los más avanzados de la época.


En su viaje inaugural al Paraguay tarjo de regreso al brigadier general y a su séquito integrado por más de 30 personas; además traía a 16 ingleses, 6 franceses y 3 españoles, todos profesionales contratados por el Gobierno con la expresa misión de formalizar proyectos y obras de avanzada, preludio del gran impulso industrial protagonizado por ingenieros, médicos cirujanos, farmacéuticos, fundidores, toneleros, entre otros. También adquirió y trajo 10 máquinas de vapor para armar y construir otros buques en el futuro astillero, que ya estaba en marcha para el avance del Paraguay.


Desde otro ángulo, pero en 1852, se observan
la Catedral y el Cabildo totalmente terminados
 y en pleno funcionamiento.
No debemos olvidar que en París concluyó el acuerdo para la fundación de la colonia "Nueva Burdeos" a instalarse en la Villa Occidental (Chaco). Debían trasladarse de Burdeaux (Francia) cerca de 900 agricultores y algunos pocos mecánicos (vascos españoles y bearneses franceses), con los cuales -por primera vez- se intentaría en el Paraguay la colonización europea organizada. Luego de dicho viaje, las concertaciones gubernamentales no cesarían. De Montevideo y Buenos Aires llegaban bajo beneficiosos convenios, músicos, literatos, matemáticos, arquitectos, artistas, etc. con el propósito de impulsar el avance cultural del país. Buscando consolidar la autonomía nacional, se estimuló la inversión pública. En franco desarrollo hacia nuevos derroteros, para 1860 la república ya era vanguardia sudamericana en diferentes disciplinas. Para tener idea de la dimensión señalada, a continuación citaremos algunas de ellas:


LAS DIFERENTES OBRAS
1. La cultura y el intelecto (1841): Se desarrollaron organizaciones e instituciones culturales como la "Academia Literaria", el "Archivo Nacional" y más adelante con la llegada, en 1855, de Ildefonso Bermejo y otros profesionales, se pusieron en marcha el Aula de Filosofía, la Escuela de Música y Arte Escénico, la Escuela de Matemáticas, la Orientación Médica, la Escuela de Derecho y Política, la Escuela de Latinidad, el Colegio Seminario, la creación de las escuelas normales de enseñanza obligatoria y gratuita. Para 1857 ya había 408 escuelas con 16.755 alumnos, la Escuela de Arte y Oficios, la Escuela Teatral, fundándose el primer teatro nacional para la puesta en escena de las diferentes manifestaciones artísticas y culturales. Los protagonistas del progreso y transformación intelectual del Paraguay fueron, entre otros: a) el francés Françoise Sauvageot Dupuis (música), b) el paraguayo Juan Andrés Gelly (derecho, política y periodismo), c) el español Ildefonso Antonio Bermejo (teatro, declamación y filosofía), d) el paraguayo José Carlos Riveros (latín e historia), e) el inglés William Stewart (medicina y cirugía), f) el argentino Juan Pedro Escalada (escuela y enseñanza), g) el francés Pedro Dupuy (matemática).


2. La imprenta (1844): 4 años después del fallecimiento del doctor Francia, los "sucesos diarios" adquieren relevancia, ya que el nuevo presidente de la República, don Carlos Antonio López, concedió suprema importancia a la prensa, desde el momento mismo de la adquisición de la "primera imprenta" por parte del Gobierno. La periodicidad comenzaría a esquematizarse en papel impreso poniéndose al servicio de la gente. Para el efecto, contrató al alemán Joan Gard (impresor) y al francés Charles Riviere (litógrafo) para que enseñen y formen a los primeros paraguayos involucrados en estos temas, que al poco tiempo pasaron a ser verdaderos especialistas, "arquitectos" del cimiento de la "prensa civil" primero, con El Paraguayo Independiente, el Semanario de Conocimientos y Avisos Útiles, Eco del Paraguay, etc. y luego la "prensa bélica" vigente en la guerra de la Triple Alianza (1864-1870) como "El Centinela", "Cabichuí" y "Cacique Lambaré". Cabe señalar que el 1 de agosto de 1855, delimitó la libertad de prensa con un decreto compuesto de 4 capítulos y 41 artículos.


3. Las olerías (ladrilleras) (1848): Decidido a iniciar una "revolución edilicia" para transformar la Asunción colonial "del barro y la tacuara" en nuevas construcciones y emprendimientos con material cocido y productos finos (ladrillos, tejas, tejuelas, pisos, etc.) de diseño preestablecido, el Gobierno encaró obras de transformación pública y hermoseamiento urbano. La "industria olera" abasteció ilimitadamente material óptimo para las diferentes faenas de envergadura que aún hoy se yerguen firmes y altivas, siendo las más representativas como patrimonio del Estado. Complementando el rubro de la construcción, el mármol nacional incursiona incipientemente.


4. El arsenal y los talleres (1849): Las ya existentes instalaciones fueron dotadas de modernidad en 1855 por Whitehead. Aquí se elaboraron cornetas, los primeros cañones de prueba, proyectiles (balas), armas de filo (cuchillos, espadas, lanzas y afines), utensilios agrícolas, vagones para el ferrocarril y todo cuanto fuera necesario para la defensa nacional y la vida cotidiana del Paraguay.


5. La fundición de hierro, salitre y azufre (altos hornos): Para el primer semestre de 1854 el país ya contaba con la explotación de minas de hierro. Se extraía el mineral para las pruebas de fundición y calidad. Las de arroyo Ybycuí, Caapucú y San Miguel abastecían inmejorable calidad de materia prima. De hecho, la provisión de armas se haría realidad con la fábrica de salitre (pólvora) de los yacimientos de Cerro León, Yaguarón, Paraguarí, Itá, Pirayú y Piribebuy, San Antonio y San Juan Nepomuceno; y de azufre de Yaguaretegua (Valenzuela), ostentando óptimas características, un viejo anhelo del mismo Rodríguez de Francia. El primer técnico y director del proyecto "mina y fundición" fue el ingeniero inglés Henry Godwing en el año 1850, luego sustituido por su compatriota, el ingeniero John William Whitehead, que llegó con López de Europa. Demostró gran capacidad profesional y formó un personal paraguayo de estimable idoneidad para la fundición, sobresaliendo con nitidez Elizardo Aquino, quien luego llegó a general en combate aunque herido mortalmente en "Punta Ñarõ" (Sauce) en 1866. Alberto Candia 

Las ultimas huestes del Mariscal


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