29 sept. 2010

BOQUERON SIGUE BRILLANDO

La victoria de la batalla de Boquerón, ocurrida en el año 1932, tiene un enorme significado en la historia del Paraguay ya que representó un cambio de rumbo decisivo en la contienda contra Bolivia, por la posesión del Chaco boreal. Pero sobre todo Boquerón supuso una verdadera transformación espiritual para los paraguayos, una sacudida moral que devolvió la autoestima y la confianza en sus propias fuerzas a todo un pueblo. Hasta aquella fecha reinaba en el país un arraigado pesimismo acerca de las posibilidades reales de expulsar al invasor y proteger la integridad territorial de la República. El manejo de la situación prebélica por parte de las autoridades era objeto de fuertes críticas de prácticamente todos los sectores. El gobierno y la conducción militar eran vistos como pusilánimes, improvisados, sumidos en el desconcierto ante la permanente penetración boliviana. 
Existía la creencia de que el Paraguay no estaba preparado en absoluto para enfrentar y, especialmente, derrotar al ejército boliviano del cual, además, se tenía una impresión sobrevalorada. En la última guerra internacional –en la que combatió contra Triple Alianza– el Paraguay había sido aniquilado y no conocía de una victoria militar desde 1867. Mucho más que la recuperación de un fortín estaba pues en juego en Boquerón. Considerando el contexto político y los ánimos encendidos de ese tiempo es probable que la dirigencia política y militar no hubiera soportado una derrota en aquella batalla. Casi con certeza los conductores –los mismos que habrían de llevar al Paraguay al triunfo definitivo años más tarde– se verían obligados incluso a ceder sus cargos. Las consecuencias políticas de una derrota en Boquerón hubieran sido imprevisibles y el país no tendría la capacidad de afrontar con la indispensable unidad el desafío de salvar el patrimonio nacional. 
Boquerón no es importante por su valor militar intrínseco sino porque demostró a los paraguayos y paraguayas que sí eran capaces, que con inteligencia y esfuerzo se podrían alcanzar los objetivos. A partir de entonces, asimilada la experiencia de un cerco que duró veinte días, las fuerzas armadas paraguayas aplicaron nuevas tácticas y consiguieron, con el transcurso del tiempo, imponerse al adversario y recuperar la mayor parte del territorio chaqueño. 
La enseñanza de Boquerón no debe olvidarse. Se trata de una lección aprendida en tiempos de guerra pero que vale también para la paz. Su mensaje a través de las décadas sigue brillando: a través de la unidad, la perseverancia, el coraje y la planificación adecuada, el Paraguay será el dueño absoluto de su destino. Es lamentable que el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) se encuentre empeñado en temas menores y completamente secundarios cuando debería más bien asegurar que en las escuelas y colegios de la República se recuerde y debata intensa y apropiadamente este hito de la historia paraguaya. Es fundamental abandonar los actos rutinarios y aburridos que acaban alejando a los niños y jóvenes de nuestra historia. Es crucial repensar las estrategias pedagógicas en este sentido, a fin de despertar el interés y el entusiasmo por los hechos de nuestro rico pasado. 
Lo que el Paraguay aprendió en Boquerón –a costa de sangre y dolor– es una página muy importante que debe ser permanentemente recreada y analizada en aulas y clases.

CABICHUÍ

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