A MI MADRE

Soñé que me hallaba un día 
en lo profundo del mar: 
sobre el coral que allí había 
y las perlas, relucía 
una tumba singular. 

Acerquéme cauteloso 
a aquel lugar del dolor 
y leí: “Yace en reposo 
aquel amor no dichoso 
pero inmenso, santo amor.” 

La mano en la tumba umbría 
tuve y perdí la razón. 
Al despertar yo tenía 
la mano trémula y fría 
puesta sobre el corazón. 


(De Rubén Darío. Poesías inéditas, Visor, Madrid, 1988) 
Agradezco a Rubén Darío el permitirme utilizar sus versos para recordar a la madre que ya me dejó.

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