17 ago. 2013

RESIDENTA

La palabra “Residenta” no figura en el diccionario español y es exclusiva de nuestro léxico. Su etimología ha sido y sigue siendo una incógnita para la gran mayoría, pues en la acepción que se le ha dado entre nosotros significa exactamente todo lo contrario de lo que debiera significar, ya que “residir” indica estar de asiento en un lugar, permanecer.

Pero no obstante, desconocerse su etimología, en nuestro país, el vocablo “Residenta” posee una alta significación y es sinónimo de dolor, abnegación y sacrificio, porque se lo utiliza para denominar al patético éxodo emprendido en pos de la bandera, por las mujeres, por los ancianos y los niños pequeños, ante la inminencia de la llegada del invasor aliado.

Pero, ¿cuándo y cómo comenzó esa trágica peregrinación que quedó en nuestra historia con el contradictorio nombre de Residenta?

El 22 de febrero de 1868 Asunción fue fuertemente conmovida por un edicto que decía así:

“¡Viva la República del Paraguay!
El Vicepresidente de la República.

Por cuanto al estado de guerra que sostiene la República en defensa de su Libertad e Independencia exige la evacuación de la Capital como uno de los puntos del litoral mandado desocupar.

DECLARA:
Art. 1º. – La ciudad de Asunción queda desde esta fecha declarada punto militar.
Art. 2º. – Dentro de las 48 horas de la publicación del presente Decreto, se evacuará totalmente la ciudad, retirándose la población a los puntos que señalará el departamento de Policía.
Art. 3º. – Toda persona que se encontrara robando en las casas desocupadas o en las calles, será inmediatamente fusilada.
Art. 4º. – Cualquier persona que se encontrara en comunicación con el enemigo, sufrirá la pena capital.
Art. 5º. – Incurrirá en la misma pena todo individuo que, teniendo conocimiento del hecho, no denunciara inmediatamente ante el Comandante General de Armas, al traidor o espía.
Art. 6º. – Y para el puntual cumplimiento de estas disposiciones, publíquese por Bando, fijándose en los lugares públicos de esta ciudad.

Firmado: FRANCISCO SÁNCHEZ
Firmado: VICENTE VALLE, Escribano provisorio de Gobierno y Hacienda”


Fácil es suponer la confusión que habrá causado el Decreto en los vecinos de la ciudad, ancianos, niños pequeños y mujeres en mayoría absoluta, ya que todos los hombres hábiles o habían muerto en combate o se hallaban defendiendo nuestros últimos bastiones.

Fácil es imaginar la angustia de esas desventuradas antecesoras nuestras que, tras ofrendar todos sus varones a la patria, se veían forzadas a abandonar sus hogares, muchos de los cuales nunca más acogerían a sus dueñas, dejando todas sus pertenencias a merced de la rapiña del invasor.



Pero era necesario huir aun cuando ello significara hambre, miseria, agotamiento y, las más de las veces, la muerte; porque era mil veces preferible ésta a quedar a merced del enemigo, expuestas a los vejámenes de la soldadesca.



Y se emprendió la marcha, esa jornada de agonía que duraría dos años hasta culminar en Cerro Corá.

Pero, ¿Por qué se la denominó “Residenta”? Si “Residenta” es un vicio gramatical, derivado de “residente”, participio activo del verbo “residir”, ¿por qué se lo utilizó para denominar un éxodo?

Para los investigadores no es ningún secreto, pero para los profanos sigue siendo una incógnita que la tradición no develó.

Según los primeros, la explicación es la siguiente: Cuando se dio la orden de evacuar, se fue luego asignando las distintas residencias, por zonas, a los peregrinos. Al hacerse más violenta la presión enemiga, se trocaron los diversos puntos de residencia por otros más al norte, hasta llegar a Cerro Corá y sus aledaños.

De ahí que se denominara “Residentas” a los diversos grupos peregrinantes, porque ya tenían fijados con antelación sus diferentes destinos, su residencia.
Que el participio “residente”, que sería el adecuado al caso, adquiriéndose género y transformarse libremente en “residenta”, dado que la mayoría eran mujeres, es muy excusable debido a la escasa cultura de la época, tributaria de un sistema que durante décadas anatematizó la instrucción. 

Pero se conociese o no el origen o no de la expresión, no pasaron dos lustros trashumante de nuestra historia, forjadora de patria.

Victoriano Abente le hace decir en unas inspiradas estrofas de su largo canto “La Sibila Paraguaya”:

“No llores más Patria mía
enjuga el llanto, no llores,
y mira los resplandores 
de un nuevo y hermoso día”.

“Yo que tu bien vaticino
en lo futuro te veo
más grande que mi deseo…”

Ignacio A. Pane le dice en unos versos de su poema cumbre “La Mujer Paraguaya”.

“Mas nada la abatió, pues de la ruina
De la nueva Salem, antes potente,
Al infante salvó, luz vespertina
Del sol de las batallas esplendentes”.

Pero los poetas y escritores del pasado, profundamente inspirados por el infortunio de la mujer del 70, iluminaron con mayor potencia la etapa peregrinante de su vida, dejando un poco a la sombra su portentosa labor de la posguerra.

Porque si muchas naciones de la Tierra pueden jactarse del heroísmo de sus mujeres, sólo el Paraguay puede gloriarse de deber su existencia exclusivamente a la mujer.

Ya que fue Ella quien hubo de remover escombros y cenizas para insuflar hálitos de vida a la patria cobardemente asesinada. Fue Ella quien se multiplicó en mil partes para ser madre y padre; maestra y educadora; fue Ella quien empuñó el arado y fundó escuelas y asilos para acoger a los niños en total orfandad; fue artesana y sentó las destrozadas bases de la economía nacional.

Fue Ella, la mujer huérfana y viuda del 70, extenuada y desvalida, pobre y desamparada, quien obró el milagro de resucitar a este nuestro joven y glorioso Paraguay, hijo póstumo de esa estirpe de héroes legendarios, nacidos en el más doloroso alumbramiento de la historia.


A LA RESIDENTA
(Marcos y Noguera)
Y ya ves compañera, la Patria está en llamas
Préstanos tu mirada y tu cántaro seco
El arado cansado y el sudor de tu frente
Residenta de fuego, mujer de manos claras.

Tus hijos se quedaron detrás de la campaña
Y en tus ojos hay lunas y detenidas lágrimas
Quisiéramos que sea tu cuerpo de madera,
La matriz fulgurante de una nueva era.

Residenta doliente, residenta callada
Prosigue tu raquítica y larga y vaga marcha
No olvides que cantamos para que no te olvides
De llevar de los héroes caídos la bandera.

Acuérdate amiga de todos los que fuimos
Vencedores sangrantes del que ganó la guerra
Y escúchanos hermana, fecunda la semilla
Porque estamos esperando debajo de la tierra.



A LA RESIDENTA



A LA RESIDENTA


CABICHUÍ

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