10 ago. 2012

MANUEL ORTIZ GUERRERO

Manuel Ortiz Guerrero nació en el barrio Ybaroty, en la ciudad de Villarrica del Espíritu Santo, Paraguay, el 16 de julio de 1894, hijo de Vicente Ortiz y Susana Guerrero, quien falleció al dar a luz al niño.

Infancia y juventud. Fue criado por su abuela paterna, doña Florencia Ortiz. Realizó sus primeros estudios en una escuela de Villarrica, destacándose en su niñez por su contracción a las faenas escolares.
Tímido y retraído, era afectuoso y afecto a la soledad. En el Colegio Nacional de Villarrica descolló como recitador y, por entonces, pergeñó sus primeros versos. Sus compañeros comenzaron a llamarle con el apodo que lo inmortalizaría: Manú.
Cuando llegó a Asunción y estudio en el Colegio Nacional de la Capital, era considerado poeta y guía de toda una generación. Era el año 1914. Poco antes, en 1912, intervino en una lucha armada, acompañando a su padre. 
Derrotado el bando donde militara el poeta, tuvo que marchar al exilio, en el Brasil, donde contrajo el beri-beri y se engendró el mal que acabaría tempranamente con su vida.
Publicó sus primeros poemas en la “Revista del Centro Estudiantil”, luego de lo cual, periódicos capitalinos le abrieron sus puertas. Una de sus obras más consagradas, el bellísimo poema “Loca” apareció en la revista “Letras” y concitó la atención general y con él, el poeta llegó al alma de su pueblo. Vive por entonces con el también poeta Guillermo Molinas Rolón. Su más importante biógrafo y compañero, el dramaturgo Arturo Alsina escribe acerca de aquella época: “...En la casucha que les sirve de albergue no se come todos los días y en las noches de invierno han de dormir por turno para poder utilizar la única frazada con que cuentan”.
Su trayectoria: Y volviendo a Alsina, éste sentencia: “Independientemente a su vasta contribución a las letras paraguayas y a la influencia moral que ejerció, hay que sumar aquella de significación espiritual que, prolongándose en el tiempo, no cesa de dar frutos... El folklore, la música, la poesía, el teatro de sentido popular, encuentran en él, en algunos géneros el creador, en otros, el alentador de aliento poderoso... Ante él acuden Julio Correa, tímido con las primeras escenas de su autóctono teatro, con sus versos, comprimidas viñetas de emoción; Gómez Serrato, con los originales de “Jasy jatere”, que Manú prologa y edita...”
Reunía en sí los rasgos típicos del poeta de su tiempo: bohemia impenitente, alto contenido de romanticismo en sus actos, gestos y escritos, amistad prodigada sin dobleces, nobleza espiritual y alto altruísmo, dignidad a toda prueba. Se cuenta que hurtaba velas del camposanto para alumbrar sus noches, que compartía con otros poetas y músicos, como él.
Obras: Volcado decididamente al modernismo, siguen a “Loca” otros poemas que, sin embargo, resumen un inexcusable sabor romántico: “Raída poty”, “Guaráni”, “La sortija”, “Diana de gloria”.
Escribió indistintamente en español y en guaraní, si bien en esta última lengua logró resultados admirables, sobre todo en los bellísimos poemas que sirven de texto a las guaranias más importantes del Maestro José Asunción Flores: “Panambí verá”, “Nde rendape aju”, “Kerasy” y “Paraguaype”.
En su libro “La poesía paraguaya - Historia de una incógnita” escribe el crítico e intelectual brasileño Walter Wey: “Ortiz Guerrero personificó el heroísmo de ser intelectual en un Paraguay sin editores, todavía, el de tener que vivir exclusivamente del arte, ya que no sabía hacer otra cosa que poetizar y tocar la guitarra. Fue el poeta y el tipógrafo de sus poesías.
Las imprimía en la pequeña y tosca máquina tipográfica de su propiedad y vendía los folletos de puerta en puerta. Consiguió conmover al pueblo y lo obligó a volverse sentimentalmente hacia el pobre leproso, que ya al fin de su vida, recibía los últimos amigos en el rincón más oscuro del miserable cuarto, colocando las siglas estratégicamente distantes de la cama, para que ellos no viesen la “carne pecadora que ya tiene las señales profundas de la vida” lo que realzaba, entre tanto, aún más, los hermosos “ojos de color esperanza”. Las huellas de esta lucha con la vida y por la vida quedaron en algunos de sus versos y en la prosa de los anuncios dolientes que ponía en los folletos intitulados “Cantimplora”, que atestiguan el doloroso destino del poeta de guaranítico aliento para cantar e implorar que le comprasen los libros...”
Últimos años: Su producción literaria -valorada unánimemente como la más popular en la historia de las letras paraguayas, aunque algunos críticos le restan mayor valor y trascendencia estéticos- data de la década de los años ‘20 en la cual publicó poemarios como “Surgente”, “Pepitas” y “Nubes del este” y obras teatrales como “Eireté”, “La conquista” y “El crimen de Tintalila”. Póstumamente aparecieron sus “Obras completas” - sin incluir trabajos inéditos- en 1952, y “Arenillas de mi tierra”, en 1969. También escribió, a más de las ya citadas letras en guaraní para las guaranias de su compañero y amigo José Asunción Flores, otras, en español, tales como “India” y “Buenos Aires, salud”.


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Ver también Algunas obras de Manuel Ortiz Guerrero
La amarga plegaria de unos labios en flor
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