13 dic. 2010

CAÑON CRISTIANO

La instalación de los altos hornos de La Rosada, en un paraje de Ybycuí, convirtió al Paraguay en el primer país suramericano en contar con una planta siderúrgica. En ese complejo industrial se fabricaron utensilios de cocina, escaleras, barandas, utensilios agrícolas, armas, municiones y cañones para la defensa nacional durante la Guerra de la Triple Alianza

En ese sentido, publicaciones periodísticas de mediados de 1866 –ya en plena guerra– señalaban que en la fábrica de Ybycuí se estaban vaciando cañones de diverso tamaño y calibre.
El cañón “criollo”
Por ejemplo, el 4 de agosto de 1867 El Semanario comentaba que “un grueso cañón rayado ha llegado por los trenes de la semana anterior con su correspondiente comitiva que es bastante abundante. Este gordo ‘criollo’ pasará a reunirse con otros que están con las bocas abiertas en frente del enemigo”. 
Unos días más tarde, según cuenta el ingeniero inglés George Thompson, “el gran cañón Criollo fue traído de la Asunción, en vapor, y colocado en la batería (de Angostura); toda la guarnición de aquella plaza (Asunción) y su artillería, fue traída a Angostura”, a unos kilómetros aguas abajo de Villeta. El cañón “Criollo” recibió su bautismo de fuego el 7 de septiembre de 1868, atacando al buque brasileño “Silvado” con sus proyectiles de 150. Este cañón cayó en poder de los aliados luego de la captura de Angostura, en diciembre de aquel año. Actualmente, es uno de los cañones que, con el “Acá Verá”, forman parte del monumento al mariscal López, en la Costanera asunceña. 
Un “monstruoso” cañón. 
El Cristiano, símbolo de resistencia nacional.
Pero el que hoy nos ocupa y que concitó la atención en el país y en el exterior es otro cañón, un arma que también tuvo, como otros, un importante rol en la defensa de las posiciones paraguayas de Curupayty y Humaitá y fue llevado al Brasil como trofeo de guerra. La idea de construir un cañón de enormes dimensiones surgió del técnico y dibujante inglés Michael Hunter, quien había propuesto en 1866 construir un cañón capaz de arremeter contra los acorazados y encorazados aliados. Efectivamente, en un informe fechado el 28 de diciembre de 1866 se da cuenta que Hunter propuso fundir “un cañón de 100 libras, en 5 toneladas de fierro bueno; pero que no siendo el que tenemos de la mejor calidad, se puede vaciar en 8 ó 9 toneladas; y también de bronce, recogiendo las campanas rotas que hubiese en la campaña, y es el de este calibre será suficiente para los encorazados”.
Aporte de las iglesias del país. La idea fue tomada por las autoridades y, poco después, desde todos los rincones del país empezaron a llegar a Ybycuí campanas “rotas y sanas”, además de otros elementos de bronce. “Las iglesias de la República han hecho una ofrenda al Jefe Supremo para la defensa nacional. Las campanas de sus torres han sido ofrecidas y descolgadas con el mayor regocijo, para que en nombre de los derechos ultrajados de la Iglesia paraguaya, se fundan cañones que aumenten los elementos de resistencia y hagan escuchar sus ecos terribles en los campos de batalla. “Aquellos bronces sagrados que antaño congregaban fieles se transformaron en un “horroroso cañón condigno y sublime baluarte de la Justicia y del Derecho de nuestra santa causa…”, decía en sus páginas El Semanario.  En los primeros meses de 1867 el imponente cañón ya estaba listo. 
Entusiasta saludo popular
Para recordar el sentimiento del pueblo paraguayo y las expresiones de orgullo que embargaron a la ciudadanía en momentos en que era transportado hacia la capital, rumbo a los campos de batalla, transcribimos los artículos periodísticos publicados por El Semanario, en marzo de dicho año: “Cañón monstruo. El gran cañón guaraní nació en Ybycuí: pesa cerca de mil arrobas (su peso era de 980 arrobas, o sea, 10.780 kilos); fue muy festejado en su tránsito por la capilla de Paraguarí, ese lugar célebre por la gloriosa acción del año 1811 en que el cañón enemigo, después de tanta ostentación, fue enmudecido y arrollado por la pujanza de nuestros bravos… Al pasar por Paraguarí la pieza mencionada, se dieron vivas a la Patria y al mariscal López, y las mujeres entusiasmadas no desdeñaron ingresar entre los conductores, diciendo que deseaban formar entre hermanos para tirar el primer cañonazo contra los enemigos de nuestra patria. 
“Por el tránsito se efectuaban otras demostraciones de satisfacción y alegría de las hijas de la patria”.
Bravo recluta. Respecto al imponente cañón, El Semanario se refirió a “un recluta enrolado en el Ejército paraguayo”, presto para defender a los habitantes del país: “Entre los nuevamente enrolados ha llegado por vía férrea de la fábrica de Ybycuí, y a la fe que es por demás robusto y de una complexión fuerte, lo que nos hace esperar que se desempeñará como corresponde en su puesto de honor. “La llegada de este recluta a la capital fue objeto de un pequeño festín: hombres y mujeres corrieron a la estación San Francisco cuando se supo la venida de este pasajero para saludarlo y festejarlo, y a la verdad, el monstruo es digno de tal obsequio.“El enorme recluta es muy guaraní… Va a recibir las primeras lecciones de táctica de artillería para enseguida colocarse en el frente”. “Al llegar a la capital (el 25 de marzo a las 18) fue objeto de entusiastas vivas, haciéndose más resaltante el entusiasmo cuando el cañón se acercaba al arsenal (al día siguiente), donde igualmente las campanas hicieron vibrar su majestuoso sonido en medio de la algazara de los ingenieros y operarios que salieron a darle la bienvenida. Las mujeres empujaban y pedían a voces que se les permitiese ir al Ejército nacional y arrojar balas y bombas contra los enemigos”. 
El cañón pasó la noche en la estación central y al día siguiente fue conducido hasta los Arsenales (entonces las vías llegaban hasta el puerto y de allí a los Arsenales, donde hoy está la vieja cervecería). Una vez hechos los ajustes pertinentes –taladrado y montado–, el “Cristiano”, que arrojaba balas esféricas de 10 pulgadas, fue enviado al frente de batalla en el buque “25 de Mayo”. Cuando se resolvió embarcarlo, “fue festejado y saludado. Las mujeres, las señoras y hasta las señoritas, no han desdeñado ayudar a los hombres para arrastrarlo al muelle”. Fue montado en las fortificaciones de Curupayty y tuvo destacada actuación en la batalla del 21 de marzo de 1868. Posteriormente, según Thompson, fue trasladado y colocado en Humaitá, donde fue capturado, al caer este bastión ante las fuerzas aliadas. Fue llevado al Brasil y exhibido como trofeo de guerra en el Museo Histórico de Río de Janeiro. 


Cañón Cristiano Rekávo

CABICHUÍ

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